- XXXI - Tisbe Tisbe a su amante, que en cadáver mira con temerosa mano el rostro toca, límpiale con los cabos de la toca y en los labios desiertos le suspira. Engañada imagina que respira y es el aliento de su misma boca; su fin estudia, a su maestro invoca, sus manos tuerce, sus cabellos tira. Nadie le ayuda en tanta desventura sino la muerte, ¡oh caso lastimoso!, el pecho arroja a la enemiga espada; asió la mano de su esposo dura, y mirose en el tálamo espantoso doncella, viuda, muerta y desposada.