- CXVIII - En el sepulcro del Gran Cortés Detén el paso, oh caminante, mira cortés si tierno este peñasco duro, en torno vierte tras incienso puro, lágrimas turbias, con dolor suspira. Urna, si estrecha (alcázares admira) o adornes de laurel contra el futuro tiempo; desgreña a Cipariso oscuro, y en giros tristes sus cabellos tira. Y si sediento a maravillas vienes, si a cosas dignas de mirar, si a encanto de aquí podrás sin más cuidar volverte. Que de este polvo en los pequeños bienes está la maravilla, está el espanto, está el pomposo triunfo de la muerte.