- LII - Rigor de Fénix Pudiera mi tormento haber quebrado el fuerte acero, y el diamante duro; pudiera enternecer mi llanto puro un corazón de pedernal labrado; y aqueste no, ni aquel han lastimado (¡mísero yo!) tu pecho tan seguro, que no promete en término futuro, por las manos del tiempo ser mudado. En el peñasco descubrí de cera (con mi gemir) entrañas, y alma humana, en la silvestre ensangrentada fiera. Como di en tu hermosura soberana un corazón de peña verdadera hallé, y un alma en el Tigre Hircana.