- CXXIII - Ternezas Cuando eterno Señor de mis dolores, alguno nacerá tan atrevido, que asalte el muro a vuestro santo oído y en él entre mi llanto y mis clamores. Cuando con esperanza, y sin temores, desnudo sombras claridad vestido, el gran vacío, que ocupó el sentido perfectos llenarán vuestros amores. Oh cuán difícil si a mi ser mezquino, (¡oh qué tarde!) se atiende, y cuán temprano si al vuestro generoso peregrino, en tierra estoy conduzca vuestra mano, (que yo por mí jamás sabré camino) luz que se ofusca en Laberinto humano.