- LXII - Exhortación Clavó la vista en el cadáver frío, y faltó el movimiento a la cabeza, que trasformado al cuerpo en su dureza el corazón creció por lo vacío. De ver el caso sumamente impío; helada se quedó naturaleza: Helado el pulso en su postrer viveza: que tal rigor se debe a tal delirio. Teme pues Fénix tú, si temor cabe en un pecho leal y generoso; o al mármol en dureza desafía; que cual Pigmalión de mármol sabe labrar (y yo lo sé) pecho amoroso, el ceguezuelo que en mi fin porfía.