- LXXVII - Espejo falso reprendido Oye Genil, y el orgulloso brío corrige de su curso plateado, que no es justo que estés alborotado si intentas retratar al dueño mío. Fénix honrando ayer tu margen frío vio tu rostro (¡así fuera!) demudado, más que por falta de color rosado, por ser tu espejo de verdad vacío. Los ojos en su engaño, el pensamiento en mí, y en el amor su enojo, grita dando culpa a su herida, y a mi cura. Bien puedes ver cruel el sentimiento, que en mi causa el amor, pues flor marchita es ya mi tez, y sombra mi figura.