- LXIV - Al alma ciega Ya de otra más que de ti propia amante alma se ve tu candidez impura: ya dore llena con antorcha oscura, muerte en forma de amor vas ignorante; la viva luz, que imita al sol constante, tienes opresa en móvil sepultura; ¡ay la joya que pierde tu locura por seguir de un placer falso semblante! Abre los ojos ya, si amor dispensa, y por su ser en pequeñez medida, verás cual es en la grandeza inmensa; vuelve al tierno dolor de tanta herida, que si duplicas la que mata ofensa; la que pretendes disminuye vida.