- XVIII - Ausentándose por no ofenderla Hermosa Fénix, si la luz serena de vuestros claros ojos no abrasara, su pureza de voto contemplara, que al no encendido, al temerario enfrena; mas si mi vista enciende y desordena, cual suele el viento y fuego a polvo y vara, si, aunque se oculta, siempre ostenta clara purpúrea rosa y cándida azucena, ¿cómo queréis que mire vuestros ojos menos que con intento así advertido? Ausente estoy mejor, si os causo hinojos: adiós, Fénix, adiós, que voy perdido; huyendo voy de amor y sus antojos, mas, ay, que viene a la memoria asido.