De Ventura te dé Dios, hijo Llegar Tántalo al árbol avariento, y huir la fruta cuando el labio toca; el líquido cristal besar la boca, y burlarle dejándole sediento; a la mesa asentarse el rey hambriento, y cuando apenas el manjar provoca al apetito, ver que el Arpía loca alza los platos y convida al viento. Lo mismo por mí pasa. No sintiera Tántalo el hambre tanto, a no incitarle del árbol la presencia apetecible. Vi a Clemencia y perdila. ¡Ay suerte fiera! Que ver tan cerca el bien y no gozarle es hacer el tormento más terrible.