De Marta la Piadosa Que no puedo esperar ni aún esperanza me dice la Fortuna, aunque inconstante. Lloro un hermano muerto, y un amante de su vida homicida y mi confianza. Esperar vida a un muerto, ¿quién lo alcanza? Esperar que en la ausencia sea constante Amor, es esperanza de ignorante; que es huésped de la ausencia la mudanza. Al homicida de mi hermano adoro. ¡Ved si se iguala a mi tormento alguno, pues amo aborreciendo juntamente! Dos muertos, aunque el uno vive, lloro; que si la ausencia es muerte, todo es uno: un muerto hermano y un amante ausente.