De Siempre ayuda la verdad Después que la infeliz estrella y astro con que nació mi amor, el blanco velo quiso que viese, como rosa en hielo, teñido en sangre a Doña Inés de Castro, y un ángel retratado en alabastro pedir venganza a mi abrasado celo, que discurrió la tierra como el cielo de cometa veloz fogoso rastro, nunca tuve más penas, ni mayores asombros, aunque puede la conciencia mejor asegurarse la disculpa; que a Doña Inés matáronla traidores, a Blanca un rey, con esta diferencia: culpada Blanca, y Doña Inés sin culpa.