De Quien no cae no se levanta Dos veces he salido de Florencia, y el recelo, otras tantas adivino, volviendo las espaldas al camino, no me consiente hacer de casa ausencia. Venció al fraterno amor la diligencia del honor que amenaza un desatino, que al fin su parentesco es más vecino, aunque su hermano soy, cual de Laurencia. Si ella a la muerte el túmulo previene, y a la muerte mi honra en casa espera, fuerza es mirar por lo que más conviene. Menos me importa que Laurencia muera, que quien enfermos en su casa tiene no hay para que visite a los de fuera.