De Marta la Piadosa El tardo buey atado a la coyunda la noche espera y la cerviz levanta, y el que tiene el cuchillo a la garganta en alguna esperanza el vivir funda. Espera la bonanza, aunque se hunda, la nave a quien el mar bate y quebranta. Sólo el infierno causa pena tanta porque de él la esperanza no redunda. Es común este bien a los mortales, pues quien más ha alcanzado más espera, y a veces el que espera, el fin alcanza. Mas a mí la esperanza de mis males de tal modo me aflige y desespera, que no puedo esperar ni aun esperanza.