De La joya de las montañas Virgen, paloma cándida que al suelo trajo la verde paz, arco divino, pues en los tres colores a dar vino fe del concierto entre la tierra y cielo, dadme remedio, pues sabéis mi celo; no casé con Fortunio, que imagino que más dichosa soy, si más me inclino a conservarme pura en blanco velo. No me dejéis, cristífera María; favoreced mi intento puro y santo hasta que llegue de mi muerte el día. Mi pureza guardad, pues podéis tanto, si mereciere la esperanza mía que del sol que pisáis pase mi llanto.