De Los cigarrales de Toledo ¡Oh, tú, descaminado que entre engaños admiras los trofeos que te enseño! No juzgues que los cuelga el desempeño de amor correspondido en verdes años. Mi ingratitud, a costa de los daños de quien me sembró palma, y creyó sueño, negó el tributo a su primer dueño, que necia doy agora a los extraños. Ingratos son también estos despojos, por serlo la ocasión de suspenderlos, que imita en pagar frutos a la palma; mas ¡ay! que buen fin diera a sus enojos, si como el cuerpo se desnuda de ellos se desnudara de su amor el alma.