- LX - Santa madre de amor, que el yerto suelo vistes de los colores del Oriente, sereno el cielo y quieto el viento ardiente, rota la nieve y desligado el hielo, mientras al descubierto y raso cielo pacen sus vacas hierba floreciente, Tirsis, pastor de toros, Ăștilmente te esparce aquellas flores sin consuelo. Y cuanto puede te suplica y ruega, con la voz y el espĂ­ritu cuidado, que entienda el cielo su dolor estrecho. Que Filis, por quien vive apasionado, no le aborrezca tanto y de esta ciega ligadura de amor lo libre el pecho.