- XL - Tírito, triste, y solo, y apartado, cielo cruel me tiene y me sustenta de la más alta gloria, en la tormenta más profunda que ha dado viento airado. ¡Ay del pastor ausente y olvidado que a los dichosos sus trabajos cuenta! ¡Ay del pastor cuidado, que lamenta dolor seguido de placer pasado! Vos, que miráis el no turbado cielo, y, puestos vuestros ojos en su lumbre, pasáis por el naufragio de esta vida, doleos y avisad de quien la cumbre tuvo y ahora le ha faltado el suelo para llorar su perdición temida.