- LXXV - Vuelvo los aojos graves y caídos al dolor, que el espíritu congoja y apenas mi piadoso llanto afloja el lazo al cuello, al alma los sentidos. Ellos mal concertados y avenidos acrecienta al alma su congoja, y ella apremiada, como puede, arroja la grave carga que los trae rendidos. No se puede valer con su fortuna, que ha mucho que la sigue, procurando dar un fin desastroso a su contento. Deja el cuerpo mortal si está penando, alma doliente, que sin duda alguna morirás, que te cerca gran tormento.