- LXXVII - Filis, no busca desangrada cierva con más ardor el agua, cuya pura vena mitiga el fuego, que la dura flecha del cazador llevó en la hierba, como mi alma a ti; tú, cuya acerba condición inhumana no asegura la soberana gracia y hermosura, que a su firmeza el cielo le reserva. Más terrible y más brava tú que el fiero mar alterado, y más que el ofendido áspid crudo te muestras ofendida. Vuelve, Filis, por mí, que el atrevido dolor que en tu desgracia ve que muero, despojo inútil hace mi alma y vida.