- XXXIX - Turbia y oscura noche, que el sereno cerco del cielo tienes escondido, el mar revuelto, el suelo entristecido y el aire de nocturnos monstruos lleno, así de las tinieblas, que el ameno Céfiro te deshace, y el dormido silencio te acompañe, y del florido Beleño orne la sien, y adorne el seno. Y así de las Arabias y Sabeas regiones, oloroso Cedro traiga navegante a tu templo y sacrificio; que antes que tu niebla oscura caiga, vea mi luz, y siempre tú me veas; débate yo tan grande beneficio.