- LXVIII - Ya quebradas prisiones, ya cadenas reforzadas amor arrastra, en tanto que, de tu sinrazón y de mi llanto, tomas seguro para darme penas. No son de menos fuerza las serenas lumbres del cielo que idolatro, cuanto las ligaduras del furioso encanto con que de mi sentido me enajenas. No, amor, no dejaré tu real bandera, menos, que con la vida y alma triste; cantaré donde fuere tu grandeza. Dame seguro tú de una firmeza que vacila en mi daño, que, aunque muera, no dejaré de amar lo que me diste.