- XLVII - Llega mi mal a tal extremo, cuando llegar a su postrero fin debía, que lo que pudo la esperanza mía puedo de lo que fue desesperando. Híceme guerra contra mí, fiando de quien con su beldad me desconfía; los cielos aspiré, cuya osadía eternamente pago lamentando. Y de la gloria de este atrevimiento hace despojos el amor tirano, con que pretendo sustentarme vivo, sacando de mi mal contentamiento, cuyo desesperado efecto vano tiene por fundamento mi motivo.