- LIV - Ay, no te alejes, Filis, ay, espera el tu Damón que más que a su ganado te reverencia y ama, y si el osado curso prosigues, tiembla la carrera. Ya no te sigo, Filis, la ligera plata refrena, que el temor helado de tu mal me detiene, y tú el amado Damón huyes cruel, cual cruda fiera. Detén, Filis, cruel, detén el paso; no te ofenda la planta riguroso cardo cruel de tierra no labrada. Diciendo aquesto triste y doloroso, esquivando la vida desdichada, cayó Damón al Sol del campo raso.