- XXXV - Ríndeme amor el fuerte de mis ojos desde los más hermosos de la tierra, y ofreciéndome paz y dando guerra, ornan su bello carro mis despojos. Y con los encendidos rayos rojos que por los ojos en el alma encierra, tal vez mis males con su luz destierra y tal vez acrecienta mis enojos. Yo, de mi bien y de mi mal contento, el que me acaba dulcemente sigo, con las cautivas caras prendas mías. Y es el tirano crudo tan violento, que porque no me opongo a sus porfías, trata mi fe y amor como enemigo.