- LXII - Tírito, voy por esta solitaria senda siguiendo mi fortuna sola; que como el cielo pudo levantola de muy clemente y mansa en muy contraria. Voy tan confuso y mustio que ordinaria- mente me llaman y me grita: ¡Hola, que se despeña tu ganado, Iola! Yo lloro y sigo mi fortuna varia. Tal es la deuda que a mis ojos debo, que con menos pasión de la que paso no pagaré la gloria que recibo. ¡Ay, yo la dejo y el adverso caso que se me da por enemigo nuevo, sin ella quiere sustentarme vivo!