- LXXVIII - Bellas lumbres del alto firmamento, que puestas en su cumbre soberana dais vuestra luz a la región humana, y al trono eterno del empíreo asiento, ¿vistes jamás amante tan contento en perdición tan conocida y llana ninfa tan dura, fe tan inhumana, tan mal pagado amor, tan gran tormento? ¿Vistes, en cuanto la sagrada lumbre del claro padre de Faetón alcanza, ídolo más divino y adorado? Si de su luz es vuestra luz vislumbre, y es de más perfección su semejanza, ¿qué puede ser mi simulacro amado?