- XLIX - Estas fuentes de lágrimas cansadas, que fueron la ocasión de mis tormentos, por cuyos miserables instrumentos fueron las fuerzas al contrario dadas, menos altivas cuanto más penadas, de aquellos años de mirar exentos pagados con prisiones sus intentos, a llanto eterno viven condenadas. Y, si entre duras piedras no cayera, bien pudiera esperar del triste llanto el campo de esperanzas florecido; mas quiere mi contraria suerte fiera que los remedios de tan gran quebranto no caigan en sujeto agradecido.