- XII - A la desembocadura del Betis Soto; aquí donde el gran Betis desciende dando al salado mar dulce tributo, lo acrecienta mi llanto tan sin fruto que más, mientras más lloro, amor me enciende. Cuanto más mi cruel ninfa me enciende mira mi mal con rostro más enjuto, sin que nunca mis lágrimas y luto la muevan, porque finge que no entiende. Pues de igual aspereza te lastimas junto al Dauro que dio tu vena de oro y a los dos es la suerte tan contraria, de grande alivio me serán tus rimas en el silencio de este sacro coro que acompaña la vida solitaria.