- XXXI - Enciende ya las lámparas del cielo, amiga y esperada noche, en tanto que un voto, un sacrificio, un altar santo te consagra Damón con puro celo. He aquí la ofrenda con el negro velo que oscurece tus ojos, y allí el canto de tus aves nocturnas, y el Acanto y Beleño que ofusca en humo el suelo. No te desdeñes de mirar mis dones (pues son de tu color) y mi ganado, víctimas inocentes y piadosas, dijo Damón; y Tirse a sus razones regó su seno. ¿Sufres ser rogado, cielo, para turbar ajenas cosas?