- XXVI - Vos a quien la fortuna dulce expira, Títiro mío, la gloriosa llama cantando, vuestro Tajo y mi Jarama paráis al son de vuestra hermosa Lira. Yo, aquí donde conmigo vivo en ira, ausente de la nieve que me inflama, cuelgo mi caramillo de una rama de salce y oro, lloro y él suspira. ¡Cuánto es mejor que el mío vuestro estado, pues que gozáis presente del sentido que robó por los ojos la alma firme! Yo, para lamentar y arder nacido, la vida esquivo y aborrezco el hado ¡O, sólo vos no os esquivéis de oírme!