- LII - La fatal influencia que recibo del movimiento de las dos estrellas al cielo más divinas y más bellas al mundo que de Febo el rayo vivo; la oscura nube del desdén altivo impide que resulte ahora de ellas bien a mi mal, alivio a mis querellas, fin al dolor y fin al llanto esquivo. Suspiro de continuo y, suspirando, apenas disminuyo la cerrada niebla que esconde mi divina lumbre. Venus, si agravios mueven tu hijo blando, asegura tu Reino y de pasada haz que piden altivos gloria y cumbre.