- LXIV - Este encelado altivo pensamiento, por otro atrevimiento derribado, en este pecho, mongibel tornado, tal fuego lanza, que abrasarme siento. Y sin memoria del soberbio intento, por quien en vida vive sepultado, tan furioso revuelve mi cuidado, que mueve guerra al estrellado asiento. Padece el desdichado eternamente, y padeciendo a libertad espira; procuro de ayudarle lo que puedo. Mas si miro mi cielo reluciente, tales y tan ardientes rayos tira, que como el triste pensamiento quedo.