- LXI - Títiro, al asomar de dos hermosos luceros, con quien hace amor temerse, vi los ojos de Tirsis encenderse y andar tirando amor rayos furiosos. Espera Tirsis, y ellos con piadosos pero falsos descuidos dejan verse; arde Tirsis, y ciega, y, sin valerse, entran su alma enemigos engañosos. ¡Ay del estrago que el pastor cuidado padeció sin razón mirando a Filis! Olvida el prado y aún a sí se olvida. Quéjase el cielo, y quéjase Amarilis, también al cielo, su pastor trocado, sin esperanza y con segura vida.