- LXV - Camino por el mar de mi tormento con una mal segura lumbre clara, falta la luz de mi esperanza cara, y falta luego mi vital aliento. Llévame la tormenta en el momento por adonde viviente no llevara, si rigurosamente no trazara dar fin en una roca al mal que siento. Espántame del crudo mar hinchado la clemencia que tiene de matarme y en el punto me gozo de mi muerte. Caí; la mar, en habiéndome gozado, y porque era matarme remediarme, a la orilla me arroja y a mi suerte.