- XXI - A María Magdalena Difunta al gusto ya, viva a la pena; venturoso en su error por conocello; fuentes sus luces que con curso bello del rostro humedecían la azucena; tempestuosa la faz, la alma serena; embargados los pies, libre el cabello; de vanidad desnudo el limpio cuello; llora deidad la que encantó sirena. Vanos aires dejando fugitiva mar de diluvio es y en copia tanta yerros deshace y sale de cautiva, con llanto riega la más bella planta, y si el peso de culpas la derriba el aire de suspiros la levanta.