- LXVII - Tirsis, aquí donde los ojos bellos; de tu Amarilis bella deshicieron las turbias nubes, que otro tiempo fueron ira del crudo cielo y rigor de ellos, aquí me tiene amor de los cabellos, forzando el alma y cuerpo, que se dieron a enemigos extraños, que trajeron nueva traición para matar sin vellos. Tal me tienen mis ojos engañosos, dando camino al alma a mis contrarios, que conozco mi mal y temo el daño. Yo los traeré por valles solitarios, entre sauces y espinos escabrosos, para pagar mi bien y ver su engaño.