- XXXVI - Arrebató mi pensamiento altivo una visión del cielo soberano, y herido de un ardiente rayo humano, huyó del fuego deshonrado y vivo. El alma noble que sintió el motivo del ya no altivo pensamiento vano, parto bastardo de ánimo liviano, llora que fue su pensamiento esquivo. Y afrentada de un hecho semejante en los ojos se pone de contino para morir honrosamente firme, cuando la causa de mi fe constante no se precia mostrar rayo divino, para sólo siquiera destruirme.