- LVII - Filis, más bella y más resplandeciente que el claro cielo y que el ameno prado; este gamo de flores coronado que a su madre quité, te ofrezco ausente. Riyéndoseme ahora dulcemente. me lo pidió Testiles; mas cansado me tienen ya sus risas; que tu helado ceño me ha de perder eternamente. A ti le doy y a ti también te guardo dos tórtolas hermosas y una bella garza que ayer cogí del monte al río. Y si el amor de Tirsis por el mío quieres dejar, escoge tú de aquella manada mía un toro blanco y pardo.