- I - A Fernando de Soria Galvarro Sé que allá corre el mundo asaz ligero donde, fatal ministro de su muerte, pródigamente ponzoñoso vierte más de dulzura el verso lisonjero; bien como a instante pues, que sin entero seso, el remedio de su mal no advierte, beba lo falso y a beber acierte, yendo engañado al bien lo verdadero. Sólo aquel toco el punto que prudente con lo dulce templó lo provechoso, y ¿a quién fue Apolo, a quién fue así clemente? Yo, Soriano, lo intento, codicioso del pro común; tú apruebas que lo intente; suceso de los cielos venturoso.