- XXII - No sé cómo ni cuándo ni qué cosa sentí que me llenaba de dulzura; sé que llegó a mis brazos la hermosura, de gozarse conmigo codiciosa; sé que llegó, si bien con temerosa vista resistí apenas su figura; luego pasmé como el que en noche oscura, perdido el tino, el pie mover no osa. Siguió un gran gozo a este pasmo o sueño -no sé cómo ni cuándo ni qué ha sido- que lo sensible todo puso en calma. Ignorarlo es saber: que es bien pequeño el que puede abarcar solo el sentido, y éste pudo caber en solo el alma.