- XLIX - A San Isidro Los campos de Madrid, Isidro santo, donde estamparon ángeles las huellas, sembrando vi de soles y de estrellas, que alegres se inclinaron a su llanto. Sus oraciones le encumbraron tanto, que en éxtasis de amor brotó centellas, y pudo la menor de todas ellas ser del infierno confusión y espanto. Al fin Isidro para el cielo oraba, cuando araban los ángeles el suelo, dando a su fe constante tal tributo. Y tan perfecto Labrador estaba, que vestido de luz cogió en el cielo, sembrando aquí sus lágrimas el fruto.