- XXXV - Cuando envidioso el tiempo haya robado el tu cabello, espanto ahora de Flora, y el verano, que alegre gozo ahora y la flor de mi edad haya robado, no seré, no, Amarili, a tu sagrado nombre ingrato que la alma humilde adora, ni el fuego celestial que en ella mora de la edad sentirá el invierno helado; mas del cisne imitando la costumbre, con acento, por dicha más divino, te cantaré, para morirme luego; y como llama que vigor y lumbre cobra cuando su fin es más vecino, más resplandecerá mi hermoso fuego.