- VII - Estaba de mi edad en el florido abril, que fruto asaz me prometía, y de mi Flora en el regazo un día vi reposar al niño Amor dormido. Las alas que tan alto lo han subido, por no bajar, abandonado había; yo, que de celos y de envidia ardía, tenté con ellas usurparle el nido. Volar tenté; mas, de la luz medroso de tus soles, ¡oh Flora! mudé intento, con el fracaso de Ícaro avisado; que es mal valor tal vez ser temeroso, y no siempre fortuna da al osado favor, ni quiere el gusto ser violento.