- XXXII - Las almas son eternas, son iguales, son libres, son espíritus, María; si en ellos hay amor, con la porfía de los estorbos crece y de los males. Nacimos en fortuna desiguales, no en gustos; la violencia nos desvía; el tiempo corre lento y deja el día de sí hasta en los mármoles señales. Mas tú ni a tiempo ni a violencia, ni a aquello desigual de la fortuna, ni temas a la más prolija ausencia; que si nuestras dos almas son a una, ¿en quién, si no ya en Dios, habrá potencia que los gaste o los fuerce o los desuna?