- XLII - A Filipo III, luego que heredó y se casó Majestad soberana, en quien el cielo tanto valor encierra y saber tanto, que ya a la envidia sobras, ya al espanto, hollando sabio el mar, valiente el suelo. Emulo de tu padre y de tu abuelo, rompe con la memoria con Lepanto, y adora en Asia el monumento santo guardado para pompa de tu celo. El cielo esta victoria solicita, y a Marte y Palas ha juntado en uno (del sirio y persa victorioso bando). Un mundo es poco para cada uno, pues ni Isabel fue más que Margarita, ni debes ser tú menos que Fernando.