- XXXIII - A don Juan de Arguijo Ya sopla turbio el ábrego, ya hinchado se encona sordo y turba el golfo Argío, ya el aquilón arrebatado y frío crece en montes las olas, ensañado. Rómpense unas con otras y erizado brama espantable el mar, lanzando impío espumas contra el cielo, y tu navío vacila entre las ondas, afanado. ¿Qué? Depón el temor, a humilde playa Dios el que admiras piélago insolente rindió, «y esta, le dijo, sea tu raya, jamás de aquí con ambicioso antojo oses pasar; aquí tu vanamente espantosa hinchazón rompe y tu enojo».