- XIII - Ya sentí de la muerte el postrer hielo correr a largo paso por mis venas, y dos nubes, de angustia y rabia llenas, un mar donde mis ojos dar al suelo, cuando, así ardiendo en compasivo celo, a Flora vi turbar sus dos serenas luces, por no aliviar sólo mis penas, mas pudo en el abismo abrirme un cielo. «Vete, me dijo triste, y si el camino así te es breve, pide a tu deseo alas para volver, y a mí esperanza». Dichoso mal, que alcanza tan divino remedio; amable infierno, donde veo, no ya por fe, mi bienaventuranza.