- XLVI - Robóme, oh Julio, una cobarde fiera (fiera y cobarde, Julio, cruel sería), la mitad me robó del alma mía, y ¿tú aun vives, mitad? ¡quién lo creyera! Ira al fin mujeril, que no cupiera en varón semejante villanía necia; los que el amor y el cielo unía, ¿quién sino tú apartarlos pretendiera? ¿Qué se puede? Vivamos divididos, dulce Amarilis mía, en esperanza de vencer con paciencia y vida el hado. Julio, ¿quién desordena mis sentidos? Iba a hablarte, y me han arrebatado, ya el amor, ya el dolor, ya la venganza.