- XXI - ¡Oh tú, que al sol tan desdeñosa miras, y de verte más bella que él te engríes! ¿Por qué en mi dolor triste alegre ríes después que las osadas flechas tiras? Reserva esas en risa envueltas iras para cuando más cuerda te desvíes de ese que porque de él tu pecho fíes colora con lisonjas sus mentiras. Cambia, Amarili, cambia pensamiento, da luz a la razón; que es grave daño haberte a error o deslealtad rendido. Mas ¡oh cómo eres ciego, Amor! al viento das y a la ingratitud un bien tamaño, debiéndolo a los años que he servido.