-XIX- Julio, después que me partí llorando de quien jamás mi pensamiento parte, y dejé de mi alma aquella parte que al cuerpo vida y fuerza estaba dando, de mi bien a mí mismo voy tomando estrecha cuenta, y siendo de tal arte faltarme todo el bien, que temo en parte que ha de faltarme el aire suspirando; y con este temor, mi lengua prueba a razonar con vos, ¡oh dulce amigo!, del amarga memoria de aquel día en que yo comencé como testigo a poder dar del alma vuestra nueva, y a saberla de vos del alma mía.